"La guerra sorda trabada entre hombre y mujer, fruto de una sociedad patriarcal y de clases, conocerán su fin", esta frase con que finaliza uno de los cuatro textos, es la que ha dado origen a este ensayo, que nos ofrece Melania Noguera.
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martes, 13 de noviembre de 2012
LA EDUCACIÓN, LA ÉTICA Y LA PROFESIÓN DOCENTE
Ensayo de Maestra Melania Noguera
Todos los que conformamos la comunidad educativa debemos ser capaces de desarrollar proyectos de vida de cara a la convivencia sana, que haga posible el logro de ideales propios y la progresión de los valores con el fin de encauzar la conducta humana hacia mejores relaciones entre todas las formas de vida y, por ende, con la misma naturaleza. Leer más...
Todos los que conformamos la comunidad educativa debemos ser capaces de desarrollar proyectos de vida de cara a la convivencia sana, que haga posible el logro de ideales propios y la progresión de los valores con el fin de encauzar la conducta humana hacia mejores relaciones entre todas las formas de vida y, por ende, con la misma naturaleza. Leer más...
sábado, 7 de enero de 2012
Los bosques de Sábalos
Los bosques de Sábalos, es una colección de fotografías que estoy utilizando para reflexionar sobre el uso de la fotografía en los materiales educativos para neolectores, en ellos se recorre lo que queda de los bosques de Sábalos, cabecera del municipio de El Castillo Río San Juan.
Te invito a conocer esa parte alejada de la Nicaragua del Pacífico, donde aún hay restos de bosques que pequeños productores y sus familias están recuperando con el apoyo de un pequeño incentivo.
Ver: http://issuu.com/mercedescampos/docs/los_bosques_de_s_balos. Leer más...
Te invito a conocer esa parte alejada de la Nicaragua del Pacífico, donde aún hay restos de bosques que pequeños productores y sus familias están recuperando con el apoyo de un pequeño incentivo.
Ver: http://issuu.com/mercedescampos/docs/los_bosques_de_s_balos. Leer más...
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Sábalos
Uso didáctico de las imágenes en los materiales educativos impresos para neolectores
Los materiales educativos impresos en la educación de jóvenes y adultos en la modalidad no formal, son el equivalente a los textos escolares de la educación formal, constituyen la ayuda didáctica por excelencia, que acompaña al adulto después de la acción educativa.
Los materiales educativos son una parte importante del currículum por realizar funciones específicas, en las fases de motivación, adquisición de conocimientos, desarrollo de habilidades y destrezas o en la comprobación de los aprendizajes. Y para ello requieren tener calidad.
La gran pregunta es ¿Qué características tienen las imágenes de uso didáctico en los materiales educativos impresos, para neolectores de los cinco municipios de Nicaragua, durante el primer semestre del 2011?
Esta pregunta es lo que guia la tesis: Uso didáctico de las imágenes en los materiales educativos impresos para neolectores de cinco municipios de Nicaragua, durante el primer semestre del año 2011.
La Tesis además de ser una búsqueda en el campo educativo, es PARA OPTAR AL GRADO DE MASTER EN EDUCACIÓN RURAL Y DESARROLLO, la presenta MERCEDES CAMPOS DURÁN, quien espera su comentario.
La tesis se encuentra en la siguiente dirección, donde puede ser descargada: http://issuu.com/mercedes_campos/docs/usodeimagenes Leer más...
Los materiales educativos son una parte importante del currículum por realizar funciones específicas, en las fases de motivación, adquisición de conocimientos, desarrollo de habilidades y destrezas o en la comprobación de los aprendizajes. Y para ello requieren tener calidad.
La gran pregunta es ¿Qué características tienen las imágenes de uso didáctico en los materiales educativos impresos, para neolectores de los cinco municipios de Nicaragua, durante el primer semestre del 2011?
Esta pregunta es lo que guia la tesis: Uso didáctico de las imágenes en los materiales educativos impresos para neolectores de cinco municipios de Nicaragua, durante el primer semestre del año 2011.
La Tesis además de ser una búsqueda en el campo educativo, es PARA OPTAR AL GRADO DE MASTER EN EDUCACIÓN RURAL Y DESARROLLO, la presenta MERCEDES CAMPOS DURÁN, quien espera su comentario.
La tesis se encuentra en la siguiente dirección, donde puede ser descargada: http://issuu.com/mercedes_campos/docs/usodeimagenes Leer más...
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lunes, 24 de octubre de 2011
Educación auto organizada: ¿una nueva ruta?
Le invito a ver un pequeño video del profesor Sugata Mitra, donde se presentan resultados que apuntan a que la educación puede ser un sistema auto-organizado y donde los mismos niños y niñas pueden converstirse en facilitadores del aprendizaje de otros niños y niñas.
El aprendizaje auto-organizados se define como una estructura sin intervención explícita del exterior y en estos experimentos mostrados en el video, revelan surgiminetos donde un sistema empieza a hacer cosas para las que nunca fue diseñado y el aprendizaje se aprecia como un fenómeno emergente.
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El aprendizaje auto-organizados se define como una estructura sin intervención explícita del exterior y en estos experimentos mostrados en el video, revelan surgiminetos donde un sistema empieza a hacer cosas para las que nunca fue diseñado y el aprendizaje se aprecia como un fenómeno emergente.
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La educación rural, un camino en círculos
Enlace es una revista sencilla destinada a la promoción de las mejores experiencias de la vida campesina, el trabajo en esta revista me ha permitido recorrer esa Nicaragua profunda y en el año 2002 participar en la exposición fotográfica: Mundo Rural: gente, paisajes y detalles, que a la vez se convirtió en un libro que recoge las mejores fotografía, y nos preguntaron a cada fotógrafo sobre las motivaciones y vínculos con el mundo rural, en ese momento volví a la época en que Chinandega era un emporio algodonero y los jinchos o mozos agrícolas, inundaban cada domingo la pequeña ciudad, aquello era un triste espectáculo por las calles, hombres y mujeres seguidos de varios niños y niñas, en su gran mayoría descalzos o con botas de hule, siempre oliendo a sudor de trabajo, unas veces ya muy rancio, por la falta de baño o por no cambiarse la ropa. Esa gente pobre sin poseer ningún bien material, era la mano de obra que hacía posible amasar la fortuna de los nuevos ricos.
Los años del cultivo del algodón fueron tiempos de bonanza económica en Chinandega, la ciudad en que nací, se abrieron nuevos negocios de venta de maquinarias, agroquímicos, gasolineras, hubo mucho empleo en las haciendas, las desmotadoras, en los bancos y en el puerto de Corinto. Sin embargo se podía apreciar el contraste entre quienes generaban la riqueza con su trabajo y quienes amasaban la fortuna, ahí comprendí que el empleo y la generación del ingreso, no genera bienestar para todos. Y que el mundo rural es pobre por otras razones no vinculadas a la pereza de la gente, ni a su falta de empeño. Los obreros agrícolas comenzaban su día al despuntar el alba y bajo aquel tórrido sol de Occidente hasta orinaban sangre...
En el año 1975 yo tenía 18 años, en ese tiempo en Nicaragua vivíamos 2 millones 425.531 habitantes1, la Población Económicamente Activa era menos de un millón y los obreros agrícolas que procedían en su mayoría de campesinos sin tierras o campesinos que se iban de manera temporal como jornaleros, representaban el 41% de esa Población Económicamente Activa, la que se desplazaba al ritmo de la cosecha, en tiempos de corte de algodón hacia Occidente, en tiempos de corte de café, hacia el Norte del país. Se calcula en ese año una masa de población de 230 mil a 240 mil adultos, llevando consigo a su familia, lo que puede ser un millón de personas desplazadas.
Esta población en Chinandega deambulaba por las calles, asistían al mercado y algunos pernoctaban en las aceras de la estación del tren, razón por la que ya en 1978 habían construido un sistema de dormitorios públicos, los que desde 1980 fueron convertidos en las instalaciones del Sistema Penitenciario.
Esta situación cuando uno comienza la vida es impactante, sobre todo cuando en esa época los vientos revolucionarios soplaban fuertemente y aparecían en el horizonte los sueños de juventud, por un mundo mejor o como se dice ahora, que otro mundo es posible.
En ese tiempo tuve la oportunidad de ver el trabajo social de las monjas Mercedarias y señoras de la ciudad que hacían caridad cristiana con los niños de las haciendas, sus acciones estaban relacionadas con las escuelas, catequizaban a los niños, propiciaban la celebración de la misa y festejaban la navidad, en ello yo encontraba cierto paralelismo con la historia de la colonia, yo me preguntaba si querían salvar las almas de esos niños de aquel infierno.
En ese entonces pensé que dar clases en una escuela rural, tenía más sentido que la caridad que se hacía y, movida por esta idea, en el año 1976 inicié en la ciudad de Estelí, mis estudios para ser maestra rural, en la Escuela Normal Rural, yo había estudiado con una beca mis primeros años en la Escuela Normal de Señoritas, Salvadora de Somoza en San Marcos, Carazo, ahí formaban maestras con mucha calidad y además de las clases preparatorias para la enseñanza había aprendido a bordar, hacer letras góticas, a cocinar, pero la llegada del terremoto de 1972, puso un alto a la formación de los nuevos maestros y maestras y se había suspendido la carrera de magisterio.
En la Normal de Estelí, por ser un perfil rural, el énfasis estaba en la agricultura, la sociología y el desarrollo comunitario, después del bachillerato estudié dos años para formarme y la práctica docente era tan importante como desarrollar un proyecto comunitario. La verdad es que en ese momento sentí que un maestro rural puede realizar un gran trabajo en la comunidad, así viví junto a dos compañeras más, en la comunidad El Jocote, perteneciente al municipio de San Isidro, Matagalpa, pequeña comunidad que hoy lleva por nombre Guadalupe Martínez.
El proyecto de graduación fue la letrinificación de aquel pequeño poblado. Todo fue una experiencia de aprendizaje sobre la organización de la comunidad, importancia de la sensibilización de las personas y su disposición al trabajo, además de aprender a no desatar conflictos entre las familias por razones del proyecto.
De esa etapa también surgieron nuevas dudas, los maestros rurales trabajaban con las uñas, no disponían de recursos en las escuelas, los niñas y niñas tenían grandes limitaciones en sus casas y para continuar la secundaria, había que ir hasta San Isidro, era una situación poco esperanzadora, y no era claro para mí qué podía hacer una maestra en una comunidad en esas condiciones, por otro lado la gente en la comunidad tenía un nivel organizativo y de complicidad como para protegerse, pues ya eran tiempos de la represión. El aprendizaje no estaba nada mal, yo me sentía después de haber vivido y trabajado seis meses en esa comunidad como una persona mayor, responsable, creía que ya podía enfrentar un trabajo en una escuela rural, así fuera una escuela de maestra unitaria.
Cuando egresé en el año 1977, el país estaba en efervescencia política y trabajé por muy corto tiempo en una escuela de la ciudad, luego estalló la guerra y cuando llegó el triunfo de la Revolución en el año 1979 no había apenas tenido contacto con el campo, ni sabía qué iba a pasar de ahí en adelante.
Después del triunfo de la Revolución vuelvo a trabajar unos meses en una escuela urbana y a final del año, me ubican finalmente en una escuela rural de Quezalguaque: la escuela María del Pilar Gutiérrez. Esta vez era más duro que la práctica docente, los problemas eran más agudos, la realidad de los niños y los programas de estudio no se relacionaban. Como actividades extraescolares hicimos un huerto en la escuela, pero el terreno era muy duro y árido y no había cercos que aislaran el huerto de los animales de los vecinos. Esa realidad no la podía enfrentar con la preparación que había tenido en la Escuela Normal, había que ensayar nuevos caminos y los demás maestros ya llevaban años trabajando con los programas y sabían cómo cumplirlos, la conclusión era ¿para qué trabajar tanto?
En enero del año 1980, me integré de lleno a la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización, jornada que me llevaría a enfrentar de nuevo el mundo rural y la educación, esta vez con población joven y adulta. También enfrentaría mi entusiasmo con la dura realidad del campo.
La Cruzada me ayudó a entender de mejor manera el mundo rural, a desarrollar lazos de amistad, de respeto y de admiración con hombres y mujeres campesinas, ahí la figura del jincho desapareció y surgió una nueva figura, el campesino, o la mujer campesina, aquella masa móvil de cinco años atrás, iniciaba un proceso de dignificación con la Reforma Agraria.
La alfabetización era una esperanza para salir de esa situación, era el primer paso para poner fin a la ignorancia y la posibilidad de iniciar un proceso de educación de adultos donde se iba a atender tanto asuntos de conocimientos universales como aspectos más locales, productivos y de la vida práctica y política.
Valorando ya a la distancia los aprendizajes personales de esta nueva etapa, en el modelo desarrollado en la Educación de Adultos, privó más la preocupación por una escolarización de los adultos a través de niveles de educación, seis niveles se crearon de manera equivalente a grados de primaria, para certificar la educación primaria de los adultos. La educación de adultos hizo una separación entre la vida de la gente y los conocimientos que se abordaban en los textos, los que sí respondían más a la realidad en general, a la política, pero no habilitaban para la vida comunitaria o la vida productiva.
La discusión aquí avanzó hacia la contradicción entre una realidad atomizada de país, con un programa uniforme a nivel nacional, con cuadernos y guías únicas para los maestros populares.
Desde los años 90 y la presente década he recorrido iniciativas de educación rural, marcada por: el desarrollo comunitario, la producción agroecológica, le educación ambiental, las tecnologías agrícolas, el crédito campesino, las relaciones de género… los he visto a través de la investigación para la documentación de experiencias, he escuchado las voces del campo y los he visto en directo y a través del lente de la cámara… mi trabajo se enfoca en estos últimos 20 años en elementos de comunicación y mediación pedagógica, para la producción de materiales educativos impresos. Es un trabajo que me ha permitido vincularme a la educación rural desde una perspectiva no formal y fuera del Sistema Educativo.
Lo que he aprendido es que Nicaragua es rica en experiencias educativas, que aún les falta escalar hacia programas que puedan ser implementados más allá de las organizaciones que los han desarrollado, sin tener el peso de ser un programa único; que la realidad y las necesidades en el mundo rural, son diversas, cada experiencia aporta a un mosaico de posibilidades para atender una educación para todos y todas, que posibilite o viabilice un proyecto donde la población rural esté incluida y forme parte de los planes presentes y futuros de este país y donde la educación sea la base para lograrlo.
Lo que he aprendido aún no logro ponerlo en orden y las preguntas del año 1975 aún siguen vigentes, ¿cómo es posible que los que producen la riqueza, sean a la vez los más pobres del país? Y las tres premisas del modelo de desarrollo basado en la inversión extranjera, la creación de empleos y la generación de ingresos, no logra vencer la pobreza y la población rural sufre las mayores consecuencias, aquí surge la pregunta, ¿qué es el desarrollo para el mundo rural?
Si el mercado internacional y la idea de globalización priva para el modelo de desarrollo, la educación rural actual va a la par de ese modelo de desarrollo, allá aún sigue habiendo analfabetismo, allá las niñas y niños no logran transitar la primaria, los empleos que son la oportunidad de conseguir ingresos: corte de café, cultivos de tabaco, caña, bananos no se requiere más que los brazos.
En cambio si el desarrollo lo vinculo a bienestar es más que evidente que para lograrlo hay que pensar en nuevos caminos que aseguren en primer lugar la alimentación, el agua, la estabilización de los sistemas productivos que permitan su seguridad, la salud, la vivienda, la participación en la vida en comunidad, cada uno de estos aspectos requiere de una educación que responda la realización de una vida modesta en el medio rural y no en función de equiparar la educación rural con los grados de primaria, no con una escala que hay que vencer, sino con respuestas que hay que encontrar para realizar su vida.
En aquella exposición fotográfica narrada al inicio de este ensayo, cito las palabras con que me referí a la situación del mundo rural: “ Si se quiere poner fin al abandono del campo y si se quiere inplementar un modelo de desarrollo, no hay otro camino que el de contar con la visión de la gente y para logarlo, es necesario mirar sus rostros y oir sus voces”.
Mercedes Campos Durán.
Maestrante de Educación Rural.
UNAN León- Universidad de Zaragoza..
Managua 20 de julio. 2010.
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Los años del cultivo del algodón fueron tiempos de bonanza económica en Chinandega, la ciudad en que nací, se abrieron nuevos negocios de venta de maquinarias, agroquímicos, gasolineras, hubo mucho empleo en las haciendas, las desmotadoras, en los bancos y en el puerto de Corinto. Sin embargo se podía apreciar el contraste entre quienes generaban la riqueza con su trabajo y quienes amasaban la fortuna, ahí comprendí que el empleo y la generación del ingreso, no genera bienestar para todos. Y que el mundo rural es pobre por otras razones no vinculadas a la pereza de la gente, ni a su falta de empeño. Los obreros agrícolas comenzaban su día al despuntar el alba y bajo aquel tórrido sol de Occidente hasta orinaban sangre...
En el año 1975 yo tenía 18 años, en ese tiempo en Nicaragua vivíamos 2 millones 425.531 habitantes1, la Población Económicamente Activa era menos de un millón y los obreros agrícolas que procedían en su mayoría de campesinos sin tierras o campesinos que se iban de manera temporal como jornaleros, representaban el 41% de esa Población Económicamente Activa, la que se desplazaba al ritmo de la cosecha, en tiempos de corte de algodón hacia Occidente, en tiempos de corte de café, hacia el Norte del país. Se calcula en ese año una masa de población de 230 mil a 240 mil adultos, llevando consigo a su familia, lo que puede ser un millón de personas desplazadas.
Esta población en Chinandega deambulaba por las calles, asistían al mercado y algunos pernoctaban en las aceras de la estación del tren, razón por la que ya en 1978 habían construido un sistema de dormitorios públicos, los que desde 1980 fueron convertidos en las instalaciones del Sistema Penitenciario.
Esta situación cuando uno comienza la vida es impactante, sobre todo cuando en esa época los vientos revolucionarios soplaban fuertemente y aparecían en el horizonte los sueños de juventud, por un mundo mejor o como se dice ahora, que otro mundo es posible.
En ese tiempo tuve la oportunidad de ver el trabajo social de las monjas Mercedarias y señoras de la ciudad que hacían caridad cristiana con los niños de las haciendas, sus acciones estaban relacionadas con las escuelas, catequizaban a los niños, propiciaban la celebración de la misa y festejaban la navidad, en ello yo encontraba cierto paralelismo con la historia de la colonia, yo me preguntaba si querían salvar las almas de esos niños de aquel infierno.
En ese entonces pensé que dar clases en una escuela rural, tenía más sentido que la caridad que se hacía y, movida por esta idea, en el año 1976 inicié en la ciudad de Estelí, mis estudios para ser maestra rural, en la Escuela Normal Rural, yo había estudiado con una beca mis primeros años en la Escuela Normal de Señoritas, Salvadora de Somoza en San Marcos, Carazo, ahí formaban maestras con mucha calidad y además de las clases preparatorias para la enseñanza había aprendido a bordar, hacer letras góticas, a cocinar, pero la llegada del terremoto de 1972, puso un alto a la formación de los nuevos maestros y maestras y se había suspendido la carrera de magisterio.
En la Normal de Estelí, por ser un perfil rural, el énfasis estaba en la agricultura, la sociología y el desarrollo comunitario, después del bachillerato estudié dos años para formarme y la práctica docente era tan importante como desarrollar un proyecto comunitario. La verdad es que en ese momento sentí que un maestro rural puede realizar un gran trabajo en la comunidad, así viví junto a dos compañeras más, en la comunidad El Jocote, perteneciente al municipio de San Isidro, Matagalpa, pequeña comunidad que hoy lleva por nombre Guadalupe Martínez.
El proyecto de graduación fue la letrinificación de aquel pequeño poblado. Todo fue una experiencia de aprendizaje sobre la organización de la comunidad, importancia de la sensibilización de las personas y su disposición al trabajo, además de aprender a no desatar conflictos entre las familias por razones del proyecto.
De esa etapa también surgieron nuevas dudas, los maestros rurales trabajaban con las uñas, no disponían de recursos en las escuelas, los niñas y niñas tenían grandes limitaciones en sus casas y para continuar la secundaria, había que ir hasta San Isidro, era una situación poco esperanzadora, y no era claro para mí qué podía hacer una maestra en una comunidad en esas condiciones, por otro lado la gente en la comunidad tenía un nivel organizativo y de complicidad como para protegerse, pues ya eran tiempos de la represión. El aprendizaje no estaba nada mal, yo me sentía después de haber vivido y trabajado seis meses en esa comunidad como una persona mayor, responsable, creía que ya podía enfrentar un trabajo en una escuela rural, así fuera una escuela de maestra unitaria.
Cuando egresé en el año 1977, el país estaba en efervescencia política y trabajé por muy corto tiempo en una escuela de la ciudad, luego estalló la guerra y cuando llegó el triunfo de la Revolución en el año 1979 no había apenas tenido contacto con el campo, ni sabía qué iba a pasar de ahí en adelante.
Después del triunfo de la Revolución vuelvo a trabajar unos meses en una escuela urbana y a final del año, me ubican finalmente en una escuela rural de Quezalguaque: la escuela María del Pilar Gutiérrez. Esta vez era más duro que la práctica docente, los problemas eran más agudos, la realidad de los niños y los programas de estudio no se relacionaban. Como actividades extraescolares hicimos un huerto en la escuela, pero el terreno era muy duro y árido y no había cercos que aislaran el huerto de los animales de los vecinos. Esa realidad no la podía enfrentar con la preparación que había tenido en la Escuela Normal, había que ensayar nuevos caminos y los demás maestros ya llevaban años trabajando con los programas y sabían cómo cumplirlos, la conclusión era ¿para qué trabajar tanto?
En enero del año 1980, me integré de lleno a la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización, jornada que me llevaría a enfrentar de nuevo el mundo rural y la educación, esta vez con población joven y adulta. También enfrentaría mi entusiasmo con la dura realidad del campo.
La Cruzada me ayudó a entender de mejor manera el mundo rural, a desarrollar lazos de amistad, de respeto y de admiración con hombres y mujeres campesinas, ahí la figura del jincho desapareció y surgió una nueva figura, el campesino, o la mujer campesina, aquella masa móvil de cinco años atrás, iniciaba un proceso de dignificación con la Reforma Agraria.
La alfabetización era una esperanza para salir de esa situación, era el primer paso para poner fin a la ignorancia y la posibilidad de iniciar un proceso de educación de adultos donde se iba a atender tanto asuntos de conocimientos universales como aspectos más locales, productivos y de la vida práctica y política.
Valorando ya a la distancia los aprendizajes personales de esta nueva etapa, en el modelo desarrollado en la Educación de Adultos, privó más la preocupación por una escolarización de los adultos a través de niveles de educación, seis niveles se crearon de manera equivalente a grados de primaria, para certificar la educación primaria de los adultos. La educación de adultos hizo una separación entre la vida de la gente y los conocimientos que se abordaban en los textos, los que sí respondían más a la realidad en general, a la política, pero no habilitaban para la vida comunitaria o la vida productiva.
La discusión aquí avanzó hacia la contradicción entre una realidad atomizada de país, con un programa uniforme a nivel nacional, con cuadernos y guías únicas para los maestros populares.
Desde los años 90 y la presente década he recorrido iniciativas de educación rural, marcada por: el desarrollo comunitario, la producción agroecológica, le educación ambiental, las tecnologías agrícolas, el crédito campesino, las relaciones de género… los he visto a través de la investigación para la documentación de experiencias, he escuchado las voces del campo y los he visto en directo y a través del lente de la cámara… mi trabajo se enfoca en estos últimos 20 años en elementos de comunicación y mediación pedagógica, para la producción de materiales educativos impresos. Es un trabajo que me ha permitido vincularme a la educación rural desde una perspectiva no formal y fuera del Sistema Educativo.
Lo que he aprendido es que Nicaragua es rica en experiencias educativas, que aún les falta escalar hacia programas que puedan ser implementados más allá de las organizaciones que los han desarrollado, sin tener el peso de ser un programa único; que la realidad y las necesidades en el mundo rural, son diversas, cada experiencia aporta a un mosaico de posibilidades para atender una educación para todos y todas, que posibilite o viabilice un proyecto donde la población rural esté incluida y forme parte de los planes presentes y futuros de este país y donde la educación sea la base para lograrlo.
Lo que he aprendido aún no logro ponerlo en orden y las preguntas del año 1975 aún siguen vigentes, ¿cómo es posible que los que producen la riqueza, sean a la vez los más pobres del país? Y las tres premisas del modelo de desarrollo basado en la inversión extranjera, la creación de empleos y la generación de ingresos, no logra vencer la pobreza y la población rural sufre las mayores consecuencias, aquí surge la pregunta, ¿qué es el desarrollo para el mundo rural?
Si el mercado internacional y la idea de globalización priva para el modelo de desarrollo, la educación rural actual va a la par de ese modelo de desarrollo, allá aún sigue habiendo analfabetismo, allá las niñas y niños no logran transitar la primaria, los empleos que son la oportunidad de conseguir ingresos: corte de café, cultivos de tabaco, caña, bananos no se requiere más que los brazos.
En cambio si el desarrollo lo vinculo a bienestar es más que evidente que para lograrlo hay que pensar en nuevos caminos que aseguren en primer lugar la alimentación, el agua, la estabilización de los sistemas productivos que permitan su seguridad, la salud, la vivienda, la participación en la vida en comunidad, cada uno de estos aspectos requiere de una educación que responda la realización de una vida modesta en el medio rural y no en función de equiparar la educación rural con los grados de primaria, no con una escala que hay que vencer, sino con respuestas que hay que encontrar para realizar su vida.
En aquella exposición fotográfica narrada al inicio de este ensayo, cito las palabras con que me referí a la situación del mundo rural: “ Si se quiere poner fin al abandono del campo y si se quiere inplementar un modelo de desarrollo, no hay otro camino que el de contar con la visión de la gente y para logarlo, es necesario mirar sus rostros y oir sus voces”.
Mercedes Campos Durán.
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Managua 20 de julio. 2010.
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martes, 19 de julio de 2011
Cartas a una maestra
Este libro es un clásico de la pedagogía y de la sociología italiana de mediados del siglo XX. Está escrito con rabia, pero sobre todo con dolor por muchachos que habían vivido en su propia carne la injusticia de una escuela clasista, que les dejaba fuera del "sistema", sin darles siquiera el diploma básico obligatorio.
Barbiana es una escuela de, una aldea de las montañas próximas a Florencia, dirigida por un cura, Don Milani, que se hizo célebre en Italia por su tipo de enseñanza y formación, que no excluía a ningún muchacho, que sacaba lo mejor de ellos mismos y les hacia estar orgullosos de su cultura, frente a una escuela incapaz de enseñar, solo de reproducir, que crea seres individualistas y desinteresados de la auténtica cultura.
Si bien el contexto social, político y económico actual en nuestro país no tiene nada que ver con lo que aquí se nos narra, es un libro que deberían leer todos los maestros y profesores, como un modo de sacudirse tantas cosas que atan al pasado y que impiden progresar. Un libro para los que aman enseñar, ya que, como estos muchachos muy bien dicen con su estilo sencillo pero contundente, "el saber solo existe para darlo".
En el libro los muchachos proponen tres reformas educativas,
"para que el sueño de la igualdad no siga siendo un sueño”:
1.- No hacer repetidores.
2.- A los que parecen tontos darles clase a tiempo pleno.
3.- A los vagos basta con darles una motivación.
“Querida señora:
Usted ni siquiera se acordará de mi nombre. ¡Se ha cargado a tantos!
Yo, en cambio, he pensado muchas veces en usted, en sus compañeros, en esa institución que llamáis escuela, en los chicos que "rechazáis". Nos echáis al campo y a las fábricas y nos olvidáis”.
En la Biblioteca Libre se puede descargar el libro completo, buscar en la "C" Cartas a una maestra. La direcció es:
http://www.omegalfa.es/titulos.php
Leer más...
Barbiana es una escuela de, una aldea de las montañas próximas a Florencia, dirigida por un cura, Don Milani, que se hizo célebre en Italia por su tipo de enseñanza y formación, que no excluía a ningún muchacho, que sacaba lo mejor de ellos mismos y les hacia estar orgullosos de su cultura, frente a una escuela incapaz de enseñar, solo de reproducir, que crea seres individualistas y desinteresados de la auténtica cultura.
Si bien el contexto social, político y económico actual en nuestro país no tiene nada que ver con lo que aquí se nos narra, es un libro que deberían leer todos los maestros y profesores, como un modo de sacudirse tantas cosas que atan al pasado y que impiden progresar. Un libro para los que aman enseñar, ya que, como estos muchachos muy bien dicen con su estilo sencillo pero contundente, "el saber solo existe para darlo".
En el libro los muchachos proponen tres reformas educativas,
"para que el sueño de la igualdad no siga siendo un sueño”:
1.- No hacer repetidores.
2.- A los que parecen tontos darles clase a tiempo pleno.
3.- A los vagos basta con darles una motivación.
“Querida señora:
Usted ni siquiera se acordará de mi nombre. ¡Se ha cargado a tantos!
Yo, en cambio, he pensado muchas veces en usted, en sus compañeros, en esa institución que llamáis escuela, en los chicos que "rechazáis". Nos echáis al campo y a las fábricas y nos olvidáis”.
En la Biblioteca Libre se puede descargar el libro completo, buscar en la "C" Cartas a una maestra. La direcció es:
http://www.omegalfa.es/titulos.php
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